No es lo mismo que alguien te guste o que estés enamorado. Cuando alguien te atrae no significa necesariamente que estés enamorado de esa persona Más: En Amor y relaciones
Poder y sexualidad: ¿Más allá del placer?
El tema de la dominancia erótica cobra protagonismo durante estos días a propósito del XVII Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video en México. Durante todo un mes se pueden apreciar obras de temática LGBT y su relación con el poder. A propósito del tema, nuestro bloguero Antón Castellanos Usigli* deshilvana el complejo concepto, que está presente en todo tipo de relaciones.
Aquí hay sexo: El templo del sexo y la amenaza del capitán consolador
Cruzar el umbral de un sexshop es internarse en una jungla y redescubrir los protagonistas anónimos de tantos clips que nos persiguen en Internet.
Los primeros pasos es intoxicarse las pupilas de rojo; alguien ajústele el tono a este monitor, por favor. Poco a poco se empieza a discernir la fauna turista de este santuario: el empleadito sonriendo afable y aburrido tras la caja, una pareja frente a los sujetadores de confite y susurrando en alguna lengua eslava o el fulano acuclillado en la sección de lubricantes como en oración.
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Luego sentirse observado por los locales. Imaginen una escena de las películas de Indiana Jones donde avanza por un pasillo diminuto y millones de animalillos sin rostro se asoman por las paredes, curiosos, a recibirlo. Son altos y delgados, casi cilíndricos y yo deseando ser Darwin para proponer un nuevo tratado biológico a partir de mi expedición a este templo maldito.
¿Los enemigos?
Son inofensivos –hasta ahora- y desde sus madrigueras se retuercen para mortificarme. Unos cuantos, seguramente motivados por el demonio, vibran tst-pstsstts-pssst y yo salto. El aire está saturado de esa violencia pasiva/agresiva. Tres o cuatro pasos más, tomo un látigo que cuelga sobre mi cabeza y avanzo más seguro.
La prueba más dura me espera justo ahí: el primer altar, a mi izquierda, está consagrado a esa biblia pagana llamada Fifty Shades of Grey. Lubricante, mallas de látex, manuales con piruetas sacadas del libro del exorcista; yo libero mi furioso látigo y las sombras, hasta las más oscuras, se repliegan. Se aclara el camino y el pasillo se abre ante mí.
Me queda una duda: ¿estamos tan desvalorados los penes que el mundo necesita tantos consoladores? La turba me sigue por las paredes y yo siento enojo ante esos malandrines que se plantan tan tranquilos tras robarnos nuestras novias, primas, o vecinos, porque, sí, hay tipos que los usan. ¿Qué les hicimos los penes para merecer esta venganza?
El capitán
Sentado en un diván enorme, enfundado de plástico y con sus colosales 45 centímetros burlándose de mí (¡solo soy un hombre, bestia luciferina, atrás, anormal, atrás!) está el capitán consolador. Ninguno me ataca y estoy atónito. ¿Qué esperan? Pero en un gesto magnánimo, el jeque me invita a conversar con él.
-Eminencia… ¿cuánto cobran ustedes?
-Somos un pueblo amplio y variado, pero por 50 euros se compra un esclavo de por vida.
-¡¿De por vida?! ¿Y no se cansan?
-Jamás, garantía de la casa. Somos inmunes al patético desfallecimiento del falo humano.
-Los penes son cosas del ayer-, me gritan a carcajadas sus secuaces desde las vitrinas y yo me tambaleo un poco.
Bueno capitán, sentémonos a negociar. La jugada se baila así, ah perdón, que ustedes no bailan. Las chicas se escapan con ustedes varias veces por semana y no hay nada que podamos hacer al respecto. Nosotros tenemos asuntos entre manos que no pueden esperar tampoco. Si no las maltratan, prometemos no meternos. Y el fulano asiente. ¿Así de fácil?
-Somos gente de paz, camarada –me dice-, trabajemos en conjunto.
Yo le estrecharía la mano… pero mejor no.
El otro templo
El capitán abre una cortina enorme y el santuario real aparece: disfraces con más o menos látex, muñecos inflables, estanterías repletas de los juguetes más estrafalarios, vibradores de control remoto, ideas y más ideas. ¿Quién dijo que solo usábamos el 13% de nuestros cerebros? Bueno, haga la analogía: uno no se imagina lo que puede hacer el cuerpo humano.
Todo con sabor a mango, a menta o a algo. Aquí se restriega el sexo por los sentidos hasta que destile. Yo sostengo todavía el látigo en la mano, la precaución nunca sobra, pero traveseo las estanterías a ver qué me aparece. Las creaturas acá no gruñen.
Se alarga la aventura y cuando me preparo a salir pasa una pareja con una baraja del Kama-Sutra planeando desde ya la velada. Yo me asomo a ver el estante de donde los tomaron, hmm nada mal. Pero bueno, lista la faena y mientras camino hacia la salidadescubro al capitán mirando con pesar un juego de dados de cuál-prenda-me-quito. Él me topa la mirada, pero solo por un segundo y regresa a su harén.
Cuelgo el látigo en cualquier percha y me voy pensando que, con todas sus ventajas, debe ser una vida solitaria la de un consolador.
Diego Arguedas
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Hablemos de Amor es una producción de Radio Nederland elaborada desde un enfoque holandés sobre sexualidad y salud sexual

